La Comprensión y la Empatía

Comprender es tener la capacidad de ponernos en los zapatos de la otra persona, pero no para sentir lástima o involucrarnos en su situación y pensamiento, sino para entender cómo es que la persona observa su propia realidad.

Comprender es escuchar el razonamiento de una persona, haciendo preguntas para saber cómo fue que llegó a esa conclusión o determinación.

Todas las personas podemos observar un mismo asunto de una forma diferente, ya sea porque tuvimos una experiencia relacionada con el asunto que se está tratando o bien por la información que tenemos al respecto y que consideramos como cierta. En fin, cada quien tiene su propia realidad.

Comprender nos lleva a la aceptación, la aceptación nos lleva a la tolerancia y la tolerancia nos dirige hacia el amor.

Me encanta ilustrar este tema con un pasaje que se encuentra en la Biblia, precisamente en el evangelio de Juan en el capítulo 4.

Para entender esto, primero hay que comprender un poco la situación histórica y cultural de la época, así entendemos que en ese tiempo, para un judío tener relación con samaritanos era algo inusual y hasta digno de condenar, había un paradigma cultural xenofóbico.  Un judío prefería dar toda la vuelta, que atravesar Samaria, pero vemos que Jesús manifiesta que le es necesario pasar por Samaria.

No solo se adentra en este lugar, sino que llega a una ciudad llamada Sicar que significa “ciudad de los borrachos”. Esto nos da a entender que la actitud sin prejuicios de Jesús, lo llevó al corazón de la zona roja de Samaria.  Allí junto al pozo de Jacob, que representaba toda una tradición religiosa del pasado, se acerca una mujer y Jesús le habla.

Para un judío, solo el hecho de habar con una mujer en público era vergonzoso, mucho más si se trataba de una mujer samaritana, pero para colmo de males, según nos manifiesta el evangelio, esta mujer con la que Jesús hablaba, era de muy mala reputación en a ciudad; así que para sus discípulos, lo que el maestro estaba haciendo podría haber sido algo verdaderamente bochornoso, a tal grado que todos ellos se quedaron viendo de lejos y murmurando.

Esta mujer, como la mayoría de las mujeres de este tipo, era muy religiosa a pesar de su vida licenciosa, por lo que notamos que comienza una discusión en ese sentido, sin embargo Jesús no quería un diálogo teológico, Él estaba interesado en todo momento en el corazón, en la emocionalidad y los problemas específicos con los que esta mujer estaba lidiando día a día, y en el daño que esta, le estaba haciendo a su vida espiritual.  Jesús comprendió a esta mujer más allá del prejuicio cultural y de los conceptos religiosos, solo preguntaba y se interesaba en una forma sincera en el cómo ayudar a esta persona a solucionar sus problemas desde la perspectiva y visión personal que ella tenía de su propia realidad, si hay alguien que me ha enseñado de Coaching es Jesús.

Así que pienso yo, que para comprender a las personas, lo único que debemos hacer, es olvidar nuestros prejuicios, reconocer que no todos piensan igual que nosotros y que como dice aquella canción de Alberto Cortés “nosotros somos, los demás de los demás”

Por: Adrián Rojas
adrianrojas@cslat.net

Coaching System Latinoamérica

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